Callejeros

Guía de rescate y adopción

de perros en Bogotá 

Laura Ayala y Juliana ManjarrÉS

 

Sobreviví

¿Quién iba a pensar que la vida de un pequeño de cuatro patas que deambulaba por las calles bogotanas iba a dar, literalmente, un golpe de buena suerte? La iglesia del Señor Caído, ubicada en la cima del cerro de Monserrate, recibe diariamente las visitas de devotos, turistas y deportistas que suben hasta allí por diferentes motivos. Sin embargo, hay una razón que todos tienen en común: apreciar la hermosa e imponente imagen de Bogotá, antes de bajar de aquel lugar emblemático. Sin embargo, la historia de este suertudo animalito también representa una bajada y una subida. Pareciera que desde lo alto de esa montaña hubiera recibido un milagro.

 

El sol ya se empezaba a ocultar y la mayoría de visitantes descendía por el funicular para regresar a sus hogares. Parecía que nada podía opacar esa bello atardecer que Mercedes y su hija, Chantal, habían apreciado durante su visita a la capital colombiana. No obstante, un fuerte estruendo captó la atención de decenas de personas. Era un perro. Su pelo en mal estado y su mal olor dejaban ver que era uno de los cientos de su especie que caminan solos por las calles bogotanas. Estaba tirado en el suelo, chillando y con gotas de sangre.

 

A pesar de que había aún bastantes personas en el lugar, fueron pocos los que vieron el carro blanco que escapó a gran velocidad tras haber atropellado al perro. Por unos cuantos segundos el silencio invadió esa calle, nadie creía lo que pasaba, hasta que un grito desesperado diciendo “¡nooo!” irrumpió la escena. Era Chantal, quien con su mamá corría, con lágrimas en sus ojos, para auxiliar a este pequeño que parecía que fuera a morir.

 

Muchos curiosos se acercaron a ver qué había pasado, pero Mercedes y Chantal parecían ser las más preocupadas. A los pocos minutos llegó un agente de policía, a quien estas dos mujeres conmovidas le imploraron de rodillas que llevara al animal a un veterinario. No obstante, el uniformado no pudo hacer mucho y mientras se marchaba, el desespero de Mercedes y su hija aumentaba al ver que la agonía del perrito aumentaba. Parecía que sus ojos se iban a salir y que sus movimientos involuntarios, posiblemente de dolor, no iban a parar.

 

Ante el desespero y al ver que las personas no prestaban interés por este suceso, no vieron más opción que parar un taxi e irse, casi que al otro extremo de la ciudad, en el barrio los Andes, a un veterinario para que pudiera auxiliar al animal.

El recorrido en el taxi parecía eterno, ya que el animal se quejaba y ellas dos pensaban que cada segundo que pasaba jugaba en su contra. Al llegar al veterinario, casi hora y media después del accidente, la doctora de turno atendió inmediatamente el caso. Lo tocó, lo examinó y lo observó bien para evaluar la situación. Un examen preliminar arrojaba que parecía ser solo fracturas, que no era nada más, pero que debían esperar al siguiente día para hacerle rayos X y diagnosticar con exactitud lo que pasó.

 

Son pocas las personas que recorren poco más de 80 cuadras con un animal desconocido para llevarlo a un veterinario y que tras una fatídica escena siguiera estando vivo. Pues, ante esta situación, Mercedes y Chantal decidieron llamar a este animalito Lucky, lo que en español traduce: suertudo. Este nombre le cayó de perlas a Lucky, puesto que los exámenes arrojaron que este choque con el automóvil sólo lo había dejado con fracturas en dos de sus patas y que solo necesitaba reposo por unas cuantas semanas para mejorarse.

 

Para estas dos mujeres fue un alivio saber que solo era cuestión de tiempo para sanar las heridas. El sin sabor de esta buena noticia es que ellas dos debían retornar a su país al día siguiente y Lucky, quien no tenía dueño, se iba a quedar solo en la veterinaria recuperándose. A pesar de este opaco panorama, Mercedes decidió seguir intercediendo por este suertudo de cuatro patas para que ella pudiera hacerse cargo de todos los pagos, estando desde Estados Unidos, y que cuando Lucky se recuperara pudiera ir a este país norteamericano a hacer parte de su hogar.

 

Efectivamente, mes y medio después este animalito logró hacer lo que muchos de su especie no logran y era sobrevivir en perfectas condiciones a un choque con un carro y viajar a otro país y poder obtener una nueva familia donde iba a tener una compañera canina, llamada Pipa, con la que iba a terminar jugando por el resto de su vida.

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  • Enlace crónica guía perruna
 

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Este mapa es ideal para todos aquellos que viven o visiten la capital  de Bogotá y quieran adoptar o dar en adopción a un amigo perruno. Encontrarás direcciones, servicios y horarios de fundaciones de rescate y bienestar animal que están dispuestas a recibir y dar animales en adopción.

 
 
 

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Proyecto realizado en la asignatura DIRECTO TRANSMEDIA  de la carrera de Comunicación Social bajo la

Dirección de  Carlos Obando Arroyave / Producción y realización: Laura Ayala y Juliana Manjarrés