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CIRCUITO BOGOTANO DE ROCK

Por: Mateo Rojas - Alejandro Fierro

 
 

Noche de sábado, fría como todas las del último mes y la ciudad se recupera de una lluvia estremecedora. Chapinero, como siempre, se encuentra con las

Noche de sábado, noche de Rock

luces prendidas y la gente de aquí para allá buscando parche, rumba, toques, alcohol o lo que sea que los saque de la rutina. Mientras tanto, yo camino esquivando charcos y esperando semáforos, buscando una dirección que no conozco junto a un amigo que no se ubica en la ciudad. Aun así, todo es muy divertido, el olor a ciudad, a fiesta y a Rock, que se intensifica mientras nos acercamos a nuestro destino.

 

Cuando las direcciones empiezan a coincidir empiezan a caernos personas para ofrecernos la mejor rumba de la historia, o el trago más barato, la mejor fiesta gay de la ciudad y la mejor música crossover. Nosotros sabemos a dónde nos dirigimos así que los rechazamos y cuando nos volteamos vemos en un letrero que parece de neón el nombre de nuestro destino “Zeb Bar”.

 

Al entrar, nos encontramos con un bar que supura rock. Iluminado solamente por luces rojas tenues, que a duras penas permiten reconocer los rostros de las personas que allí están, entendemos que este es otro mundo. No es la rumba de siempre, es otro tipo de celebración. En una pequeña tarima al final del establecimiento el staff del evento prepara los instrumentos, uno de ellos se encuentra armando la batería y el otro conectando los amplificadores.

 

El bar está separado por salas con ventanas y puertas imaginarias, cada sala es un parche diferente y parece estar dominado por alguna de las ventanas que se preparan para tocar esa noche. Después de una larga espera, una de las bandas se sube a probar sonido, el baterista toca algunos ritmos mientras los otros afinan sus instrumentos, el vocalista, un tipo vestido de negro con gafas oscuras, se prepara, toma el micrófono, se baja de la tarima e inesperadamente se agacha como si le fuera a caer algo encima, el baterista cuenta a 4 y enseguida el personaje se levanta y salta dando inicio al primer toque de la noche.

 

La gente se amontona cerca de la tarima y empiezan a entrar en el ambiente del rock. Las cabezas empiezan a moverse de arriba hacia abajo, al ritmo de “My Heroe” de Foo Fighters, la banda se ve concentrada, pero cada vez entran más en calor y hacen de su show algo más ameno. El vocalista empieza a participar con la gente y entre canciones presenta a los miembros de la banda, le da las gracias al Circuito de Rock y a Abril Records y presenta la banda como Hit the Impostor.

 

Después de tocar su quinta canción, se preparan para tocar otra, pero uno de los miembros del staff les recuerda que ya llegaron al límite de canciones permitidas y les pide el favor de que se bajen. La banda no discute y obedientemente se bajan de la tarima. Asombrados, vemos cómo se suben un montón de personas a la pequeña tarima con la que cuenta el bar, con trombones, trompetas y saxofones, congas, timbales, teclados y guitarras. Podemos escuchar cómo la gente especula de lo que se va a tratar este toque, unos piensan que se equivocaron de bar otros están seguros de que van a tocar salsa, los míos piensan que es ska.

 

Una vez empiezan a tocar, nos damos cuenta de que teníamos razón. Esta banda cuenta con el factor sorpresa, nadie se espera este sonido, la gente está impresionada y las energías se suben por completo. La gente se mueve al ritmo del ska y las letras de protesta hacen que hasta el más desinteresado se pare de su silla y se encuentre con ellos en el show. Todas las canciones son originales de ellos, no tocan ningún cover. Una vez más el vocalista de Clase Obrera presenta la banda y agradece al evento y a los organizadores. Cuando llega el momento de bajarse el público les pide otra, ellos se despiden entre risas y dan las gracias por el apoyo.

 

La siguiente banda tiene olor a Metal, al pesado, a gritos, baterías a toda velocidad y guitarras incomprensibles para nosotros los ignorantes. Los que estaban antes entre la multitud ahora se sientan y el lugar para los espectadores se inunda de personas con el pelo largo, vestidos de negro y esperando que algo más pesado se acumule en el ambiente de la noche. Esta música no es muy de mi gusto, pero como buen fan del circuito los veo y los aplaudo, aunque espero que se bajen pronto de la tarima.

 

Una vez se bajan, me dirijo al bar por una cerveza. Cuando me la estoy terminando, la última banda que pienso ver esta noche se sube a la tarima, su sonido es mucho más tranquilo. El teclado marca las melodías de la canción mientras que la guitarra hace pequeños arreglos, la batería se limita a acompañar y el vocalista toca el bajo y con el sentimiento que no le hizo falta a ninguno de los frontman con la noche.

 

Miro a mis compañeros de sábado y me hacen señas para que nos vayamos. Me dirijo hacia la salida con una sonrisa en mi rostro, agradecido con Abril Records y su Circuito Bogotano de Rock por darnos la oportunidad a los amantes del género y a las bandas de fomentar la escena rockera de la capital.

 

Alejandro Fierro A.

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En la escena del Rock bogotano 

   5 grupos- 5 pistas  

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Proyecto realizado dentro de la asignatura DIRECTO TRANSMEDIA  de la carrera de Comunicación Social.

Dirección:  Carlos Obando Arroyave, Producción y realización: Mateo Rojas - Alejandro Fierro